Juan Carlos nació en Francia, pero sus orígenes españoles influyeron profundamente en su formación personal. Su pertenencia a las culturas francesa y española fomentó su mentalidad abierta y le ayudó a convertirse en una persona profundamente tolerante.
Desde muy joven, Juan Carlos Rustarazo descubre la luminosidad y el poder del cristal. Pronto queda fascinado con la elaboración de este material cuando su padre, maestro vidriero, y su tío, tallador de vidrio, lo introducen en este mundo mágico.
Cuando Juan Carlos cumple 13 años, su familia abandona el norte de Francia y se traslada a Normandía. A los 17 años empieza a trabajar en una de las fábricas de vidrio de Bresle. Es allí donde descubre la producción de frascos de perfume.
En 1990, en París, Juan Carlos conoció a Pierre Dinand. Comenzaron a trabajar juntos.